Sociedad

Dumas Mora… sin censura


DE ANDAR pausado Dumas Mora camina la vida; “despacio dijo mi mujer pero a cada ratito”, es su lema. Lo único acelerado sale de su boca; dice que en el campo a los niños para que hablen rápido les daban de comer con cuchara de mate… a él lo alimentaron con dos.
Ese es Dumas, aquel con filosofía particular, que nacido en Calceta el 13 de agosto de 1930 asevera tener 936 meses de edad. Es el mismo que hizo sonrojar al presidente Rafael Correa durante la sesión de provincialización de Manabí del 25 de junio pasado, cuando este “poeta del Carrizal” recibió una condecoración al mérito cultural.
“Botoncito, botoncito/botoncito de clave/en ese lindo huequito/yo lo quisiera meter”, fue la frase que retumbó por los parlantes. Correa soltó la carcajada y agachó la cabeza cubriéndose con el brazo la cara, que estaba más roja que la bandera del socialismo.
Luego Dumas replicó: “La palma no tiene nada/la mocora tiene espinas/tan sabroso que es el culo/y tanto que lo mezquinan”. La risa ya era de todos.
Hace escasos días fuimos tras él, me lo había encontrado en Portoviejo y concertamos una cita en su casa.
Me dio como referencia un bosque de teca, árbol que le fascina porque ofrece más ventilación y oxígeno, “de ahí pregunta que todos me conocen”. Y era verdad, preguntando llegamos a Mora.
Era un sábado de mañana. “Sí no me decías que venías no me hubieras encontrado, anduviera volando por ahí”, me mencionó. Es que resaltó que se identifica con el gallinazo, “amo la libertad... aunque tengo firmada la carta de la esclavitud y cadena perpetua, por eso que llaman matrimonio”.
Mercedes María Antonia Solórzano Bazurto es su compañera inseparable, con quien el próximo 19 de diciembre cumplirán 51 años de casados. Tienen siete hijos: Luisa Mercedes, Luisa Lucciola, Luisa Magdalena, Luisa Francisca, Luisa Elsa, Luis Ariosto, Luis Antonio. Dumas explica que nominó a sus hijos de manera similar, simplemente porque le dio la gana.
“Ella me conquistó, me dijo que no tenía novio, que había pensado en ser monja y luego no; entonces, me vio y exclamó ahí está mi salvación”, manifestó Dumas.
Con Mercedes María se conocieron en San Clemente cuando ella tenía 13 años y nueve meses. Recuerda que la vio bonita, “porque para un enamorado no hay fea… asimismo hay bellezas ocultas que el hombre no puede visualizar”.
Mercedes María exhibe un comportamiento opuesto al de su marido. Ella permanece en su cuarto, sentadita en su cama y riéndose de las ocurrencias de Dumas, mientras éste, hiperactivo, “desbarata” la casa para mostrarnos elementos montubios fabricados por él.
Así nos enseñó sombreros manufacturados de diversas formas, con toquilla, corteza de palma de coco, de esponjilla y hasta de hojas de maíz; también mostró cucharas y recipientes de mate; “zuzungueras” y bototos, “lo que ahora le dicen cantimplora”.
“El agua se toma con bototo, es más sano y para hacerlo la boca en la boca y las manos en el culo”, explicó didácticamente Dumas.
Aún Dumas no entiende como la tradición montubia se va perdiendo, “el campesino hacía lo que necesitaba, ahora se volvió tan pendejo que lo compra”.
De ser montubio, Dumas Mora se siente plenamente orgulloso. Explica que montubio es una palabra que inventaron los españoles como sinónimo de ladrón, para denigrar a los habitantes de la campiña costera, porque desde las montañas retornaron para adueñarse de las tierras que habían perdido por la invasión ibérica.
“El montubio no se rindió jamás, en especial el manabita”, sentenció Dumas.
De pronto se le abrieron los ojos, aunque las pupilas ya las tenía dilatadas por nuestra compañera Alexandra Menéndez, quien junto con José Luis Mandagarán iríamos después a un festival montubio en Junín.
Recordó que tenía aguardiente en algún lugar y trató de que Alexandra bebiera un trago de “baja calzón”, pero ella no quiso, aunque después quedó encantada con una mistela de cacao, elaborada por Dumas.
“Yo por ver a esta chiquilla/al mundo he de voltear/y me da mucha cosquilla/hoy que la puedo contemplar”, le dijo sin tapujo pero con respeto.
Viéndola a ella integrando el equipo, que completaban el fotógrafo Ulbio Peñarrieta y el conductor Sergio Anchundia, Dumas recordó que antes las madres cuidaban a sus hijas, “no te hubieran permitido andar con estos facinerosos”, enfatizó.
Es que ahora “las ponen a la orden”, indicó, mientras en uno de sus cuadernos yace escrito: “Nada cuesta ser decente/y no andar de callejera/pareciendo una cualquiera/con sus vestidos indecentes/ enseñan piernas y ombligos no solo aquí en Calceta, pronto enseñarán las tetas/nada dejan escondido”. <<

DE ANDAR pausado Dumas Mora camina la vida; “despacio dijo mi mujer pero a cada ratito”, es su lema. Lo único acelerado sale de su boca; dice que en el campo a los niños para que hablen rápido les daban de comer con cuchara de mate… a él lo alimentaron con dos.
Ese es Dumas, aquel con filosofía particular, que nacido en Calceta el 13 de agosto de 1930 asevera tener 936 meses de edad. Es el mismo que hizo sonrojar al presidente Rafael Correa durante la sesión de provincialización de Manabí del 25 de junio pasado, cuando este “poeta del Carrizal” recibió una condecoración al mérito cultural.
“Botoncito, botoncito/botoncito de clave/en ese lindo huequito/yo lo quisiera meter”, fue la frase que retumbó por los parlantes. Correa soltó la carcajada y agachó la cabeza cubriéndose con el brazo la cara, que estaba más roja que la bandera del socialismo.
Luego Dumas replicó: “La palma no tiene nada/la mocora tiene espinas/tan sabroso que es el culo/y tanto que lo mezquinan”. La risa ya era de todos.
Hace escasos días fuimos tras él, me lo había encontrado en Portoviejo y concertamos una cita en su casa.
Me dio como referencia un bosque de teca, árbol que le fascina porque ofrece más ventilación y oxígeno, “de ahí pregunta que todos me conocen”. Y era verdad, preguntando llegamos a Mora.
Era un sábado de mañana. “Sí no me decías que venías no me hubieras encontrado, anduviera volando por ahí”, me mencionó. Es que resaltó que se identifica con el gallinazo, “amo la libertad... aunque tengo firmada la carta de la esclavitud y cadena perpetua, por eso que llaman matrimonio”.
Mercedes María Antonia Solórzano Bazurto es su compañera inseparable, con quien el próximo 19 de diciembre cumplirán 51 años de casados. Tienen siete hijos: Luisa Mercedes, Luisa Lucciola, Luisa Magdalena, Luisa Francisca, Luisa Elsa, Luis Ariosto, Luis Antonio. Dumas explica que nominó a sus hijos de manera similar, simplemente porque le dio la gana.
“Ella me conquistó, me dijo que no tenía novio, que había pensado en ser monja y luego no; entonces, me vio y exclamó ahí está mi salvación”, manifestó Dumas.
Con Mercedes María se conocieron en San Clemente cuando ella tenía 13 años y nueve meses. Recuerda que la vio bonita, “porque para un enamorado no hay fea… asimismo hay bellezas ocultas que el hombre no puede visualizar”.
Mercedes María exhibe un comportamiento opuesto al de su marido. Ella permanece en su cuarto, sentadita en su cama y riéndose de las ocurrencias de Dumas, mientras éste, hiperactivo, “desbarata” la casa para mostrarnos elementos montubios fabricados por él.
Así nos enseñó sombreros manufacturados de diversas formas, con toquilla, corteza de palma de coco, de esponjilla y hasta de hojas de maíz; también mostró cucharas y recipientes de mate; “zuzungueras” y bototos, “lo que ahora le dicen cantimplora”.
“El agua se toma con bototo, es más sano y para hacerlo la boca en la boca y las manos en el culo”, explicó didácticamente Dumas.
Aún Dumas no entiende como la tradición montubia se va perdiendo, “el campesino hacía lo que necesitaba, ahora se volvió tan pendejo que lo compra”.
De ser montubio, Dumas Mora se siente plenamente orgulloso. Explica que montubio es una palabra que inventaron los españoles como sinónimo de ladrón, para denigrar a los habitantes de la campiña costera, porque desde las montañas retornaron para adueñarse de las tierras que habían perdido por la invasión ibérica.
“El montubio no se rindió jamás, en especial el manabita”, sentenció Dumas.
De pronto se le abrieron los ojos, aunque las pupilas ya las tenía dilatadas por nuestra compañera Alexandra Menéndez, quien junto con José Luis Mandagarán iríamos después a un festival montubio en Junín.
Recordó que tenía aguardiente en algún lugar y trató de que Alexandra bebiera un trago de “baja calzón”, pero ella no quiso, aunque después quedó encantada con una mistela de cacao, elaborada por Dumas.
“Yo por ver a esta chiquilla/al mundo he de voltear/y me da mucha cosquilla/hoy que la puedo contemplar”, le dijo sin tapujo pero con respeto.
Viéndola a ella integrando el equipo, que completaban el fotógrafo Ulbio Peñarrieta y el conductor Sergio Anchundia, Dumas recordó que antes las madres cuidaban a sus hijas, “no te hubieran permitido andar con estos facinerosos”, enfatizó.
Es que ahora “las ponen a la orden”, indicó, mientras en uno de sus cuadernos yace escrito: “Nada cuesta ser decente/y no andar de callejera/pareciendo una cualquiera/con sus vestidos indecentes/ enseñan piernas y ombligos no solo aquí en Calceta, pronto enseñarán las tetas/nada dejan escondido”. <<

PERLAS
“Para mí en una fuente/me quisiera ver contigo/para tocarte la frente/y acariciarte el ombligo”.

“Un beso he de mandar/para esa chica solterona/y que me preste su jaula/para guardar mi paloma”.

“Un pintor quisiera ser/de los que pinceles mudan/para pintarte desnuda/mañana al amanecer”.

“Dicen que van a dictar una ley, que hace tiempo debió haber salido, que toda buena mujer debe tener al menos seis maridos”.

“Mi mujer ya no me quiere/ ella ya no me escucha/ no me da de comer/y ya no me da la …ducha”.

“Bajo esa cara pintada/todo eso es fantasía/conmigo estuviste acostada/pero nada te movías”

“Ojo de coral partido y labios de cerezo, dame lo que te pido o un millón de besos”.

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La historia de Dumas y José María
“Voy a contarle una historia que ni yo mismo la sabía / allá por mis años mozos / cuando pocos años tenía / cuando mi vida era alegre / y alegre me sonreía / yo me fui por una vía lo mismo que el otro día / acompañado de mi mujer que se llama Mercedes María / que yo nunca la invitaba pero ella siempre me seguía / montada en un burro cojo que caminar no podía / de una pata cojeaba de la otra que se hundía / y la carga que llevaba era un poco de sandía / que unas estaban buenas y otras para nada servían.
Cuando la luna se ocultaba y el sol que ya salía / me encontré a un viejito llamado José María / él que bajaba la loma y yo que la subía / él que daba las tardes y yo que les doy los días / él que era de pocas pulgas y yo que no las tenía / entre palabras que iban y palabras que venían, yo que le mando un insulto y él que me desafía / él jala con su cuchilla yo jalo con la mía / nos dimos de machetazos un año y cuarenta días / de la sangre que chispeaba la montaña se encendía / los perros que nadaban los puercos que se hundían / las viejas se santiguaban y las jóvenes que me aplaudían / si no me tapo bonito me mata José María / y aquí termina la historia de Dumas y José María.

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“No tengo educación, pero tengo cultura”
Dumas tiene más de un millar de coplas escritas, aunque destaca que más le gusta hablar. También le encanta leer: tiene por lo menos una veintena de cartones llenas de libros y una colección de Selecciones, de Reader's Digest, que comenzó a atesorar cuando estas revistas costaban seis sucres.
“Un día que no sonría y no lea, es un día que no he vivido, a ese no lo sumo, sino que los resto”, expresó, mientras rememoraba que a la escuela fue como oyente, “nunca me aceptaban matriculado, porque yo discutía; nunca aceptaba las estupideces que el profesor decía”.
Así, Dumas Mora resalta que no tiene educación, pero sí cultura. “Tú puedes ser un sabio, pero si no tienes cultura eres una basura”.
Afirma que no cree en Dios ni en los santos, ni en el cielo ni en la Biblia. “Mi religión es la humanidad, yo creo en la amistad, el amor, la verdad y la sinceridad”.
Complementa la idea en el sentido de que hay tanto padre que viola a su hija y “donde está el poder de Dios”. En sí, él no cree en la divinidad de un ser supremo, que incluso en los tiempos antiguos lo reflejaban como un castigador implacable, sino que cree en el Dios que todos llevamos adentro, en el ser humano.
Para Dumas, el hombre es el animal más estúpido. El burro, el caballo, el perro viven una vida tranquila sin amargarse; no se matan por gusto, sólo el ser humano tiene ese problema.
“No hay madre como María / ni padre como José / ni mosquito que no pique / ni mula que no patee / ni hay hombres que no lo pidan / ni mujer que no lo dé / no hay farra sin aguardiente / ni religión sin fe / no hay amor sin deseo / ni amistad sin interés”, es otro de sus versos.
“Donde hay dinero de por medio no hay sinceridad, sino egoísmo”, resalta Dumas, quien complementa “que la patria ya es de todos, se dice con emoción, pero asaltos, crimen y robos aumentan la corrupción”.


EL JUGLAR. Dumas Mora, el "poeta del Carrizal", cumplió 936 meses de edad, el 13 de agosto.




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