Sociedad
JUAN GARCÍA, de 16 años, tiene estampado en su mochila el rostro de Ernesto “Che” Guevara. Al preguntarle sobre quién es el personaje al que glorifica, responde: “El ‘Che’ fue un revolucionario de Estados Unidos”. Luego rectifica: “perdón es de Venezuela”, dice.
Natacha Mendoza, sicóloga educativa, explica que las respuestas equívocas de García –el “Che” nació en Argentina-, deja en claro que la actitud revoltosa que toman los colegiales entre ellos, “no está asociada a ideologías, sino a un efecto propio de la rebeldía de los jóvenes, quienes, por llamar la atención, realizan actos en los que no miden las consecuencias”, explica.
García, estudiante del Colegio Bruno Sánchez, de Portoviejo, admite que cuando se dan los enfrentamientos contra los alumnos del Instituto Paulo Emilio Macías Sabando, se une a sus compañeros sin saber porqué es la riña, incluso confiesa que lanza piedras sin ver a quién o a quiénes les pueda impactar.
“Uno no piensa en nada ese momento y sólo se deja llevar por la reacción que genera el coraje de ver a los del Técnico (Instituto Paulo Emilio Macías) que vienen a provocarnos en nuestro propio plantel”, dice
Mendoza, especialista en conductas juveniles, afirma que la violencia entre los estudiantes de los colegios se da, además de por la “edad del burro” (época de rebelión de jóvenes), por los problemas que tiene la sociedad “en la que se desnuda la fragmentación de la familia, ocasionada por la inmigración, el mal uso de la tecnología digital (celulares e internet) y por la no inclusión de valores de respeto”, subraya.
Muchos de los chicos que se meten en problemas, no están al cuidado de los padres o provienen de hogares en los que no hay símbolo de paternidad, recalca Mendoza.
Beatriz Franco, rectora del Bruno Sánchez, no niega lo que dice Mendoza; sin embargo, en nombre de las autoridades del colegio, dice haber hecho de todo para evitar la violencia que generan los estudiantes fuera del plantel, admitiendo que el problema es algo que se le ha ido de las manos.
“Es imposible ponerle un guardia a cada estudiante fuera del colegio para evitar que realicen actos violentos”, señala, acotando que para prevenir desgracias “necesitamos, fundamentalmente, el apoyo de los padres de familia”.
Orígenes de los problemas
Marlene Jaramillo, directora provincial de Educación, está al tanto del problema. De hecho, con el fin de encontrar soluciones, destaca los talleres de “conversatorio intercolegial sobre problemas de violencia y enfrentamiento entre estudiantes”, que lleva adelante el organismo que dirige y en los que se ha sacado a relucir varias inconformidades de los colegiales.
En el primer taller de los que hace mención Jaramillo, realizado el 7 de agosto de este año, se descubrieron, entre otras cosas, las opiniones y petitorios de los jóvenes colegiales.
Sin justificar la violencia, Jaramillo expone que en ese conversatorio inicial, en el que participaron estudiantes de los colegios Olmedo, Paulo Emilio Macías, 12 de Marzo, Bruno Sánchez y 18 de Octubre (todos de Portoviejo), se escucharon argumentos “pocas veces entendidos por nosotros los adultos”, agrega.
En ese sentido, la directora provincial de Educación, dice que los colegiales, en sus conclusiones, acusaron a los medios de comunicación, especialmente a los de televisión, de difundir sólo las cosas malas que realizan y jamás lo positivo que hacen.
También revelaron que el tiempo de ocio que hay cuando faltan los profesores, los induce a hacer cosas que no estaban planificadas, entre ellas las manifestaciones.
Otro de los problemas descubiertos fue la falta de espacios para recrearse y que, “en donde los hay, no se los utiliza”, concluyeron, según lo señala un documento que reposa en la Dirección Provincial de Educación, en la que se resume todo lo que expusieron los estudiantes.
“Sabiendo que este tipo de talleres generan resultados y nos ayuda a comprender lo que sienten y cómo piensan los colegiales, seguiremos permanentemente con éstos para encontrar soluciones”, añade Jaramillo.
José Mendoza, rector del Paulo Emilio Macías, califica la intención de la Dirección de Educación como positiva, pero advierte que el problema sólo tendrá solución, “tomando los correctivos a tiempo y con firmeza”. Para ello, “las autoridades del plantel al que represento, estamos asumiendo un estricto control en la disciplina de los chicos en las que están inmersas las sanciones e incluso la expulsión”, menciona.
El presidente de la Consejo Estudiantil del Paulo Emilio Macías, Fernando García, reconoce que la idea de ejercer un mando más estricto por parte de las autoridades de su colegio, ayudará a prevenir manifestaciones, argumentando que los jóvenes “llegamos hasta donde nos dejan llegar”. Sin embargo, dice que ese objetivo dependerá mucho de los profesores, pues, según asegura, “muchos no llegan a clases e incluso, cuando saben que va haber toma del colegio, no dicen nada con tal de no tener clases”, completa.
Piden más control
Domingo Zambrano, rector del Colegio 12 de Marzo, dice que dentro de los predios del plantel se hace de todo para evitar enfrentamientos, pero a la vez afirma que hace falta control de la policía afuera de los colegios que es donde habitualmente se dan los "cloques".
Zambrano, que conoce la rivalidad que se da entre sus dirigidos y los del Colegio 18 de Octubre, indica que más allá de reprimir a los colegiales con sanciones o expulsiones, “nosotros hemos enfocado la capacitación de los chicos para concienciarlos sobre los riesgos que representa la violencia”, expone.
La vicerrectora del 18 de Octubre, Lexa Segura, estima que con las nuevas advertencias que se les ha dado a los estudiantes del plantel, respecto a las sanciones que se les aplicarán si se los identifica en las revueltas, sirvan para detener la ola de violencia que se da entre los colegiales y que “gracias a Dios aún no ha dejado víctimas que lamentar”, reflexiona, argumentando que el afectado no sólo puede ser un estudiante sino un transeúnte que a tiempo circule por el lugar de los enfrentamientos.
David Rodriguez, presidente del Consejo Estudiantil del 18 de Octubre, nunca ha participado en revueltas contra el 12 de Marzo. Según él, “no vale la pena” y aunque no justifica la violencia, defiende a sus compañeros, aclarando que ellos sólo se defienden ante los ataques que hacen los estudiantes del 12 de Marzo.
Mal es corregible
Janet Alarcón, miembro del departamento de orientación estudiantil del Colegio Nacional Olmedo, institución que mantiene continuos enfrentamientos con el Paulo Emilio Macías, asegura que las revueltas entre los estudiantes se pueden evitar, “incursionando a los chicos en actividades recreativas que los mantenga ocupados y no pensando en hacer ‘relajo’”, expresa.
Con ella coincide la sicóloga Mendoza, quien añade que programas como la “Flor de Septiembre” o torneos de bailes y deportes, son algunas de las opciones que podrían emplearse, “para que en vez de que peleen, hagan nuevas amistades”, concluye.<<
En Manta sucede lo mismo
En menor proporción, pero igual de preocupante, en Manta también existe el enfrentamiento entre colegios. Allí están identificados los colegios 5 de Junio y Luis Arboleda Martínez como los más revoltosos. Una enemistad entre estudiantes que surge hace 15 años, según lo informa una nota del diario La Marea, en la también se señala a una revuelta registrada en 1996 como la peor de todas. Enrique Mosquera, rector del Colegio Técnico Luis Arboleda Martínez, recuerda que ese enfrentamiento se dio en una final de fútbol, “en la que hubo hasta bala”, agrega.
Mosquera asegura que los enfrentamientos no cesarán mientras existan pandillas dentro de los colegios.
José Cuenca, estudiante del colegio Técnico, admite, sin dar nombres, que dentro de las aulas hay “estudiantes” que estimulan a lanzar piedras al 5 de Junio sin haber motivos.
Elvis Ávila, rector del 5 de Junio, tiene otra versión: “los conflictos se dan porque hay un ex estudiante del colegio técnico que lo apodan “El Mellizo”, que siempre viene a hacer problemas porque él tenía un pleito con otro estudiante de este plantel”.
Denuncian daños de bus urbano
Ramón Gorozabel, gerente de la Cooperativa de Buses Urbanos Portoviejo, denuncia que en días pasados, a las afueras del Colegio Bruno Sánchez, se dio un enfrentamiento entre los estudiantes de este plantel y los del Paulo Emilio Macías, “quienes a bordo del bus hicieron señas de provocación a los del Bruno, y éstos, sin importales que en el bus iban más personas, comenzaron a tirar piedras que resultaron quebrando varios vidrios de las ventanas del micro. Por suerte no hubo heridos”, subraya.
“Nosotros lo que le pedimos a las autoridades de ambos planteles y, sobre todo, a los padres de familia, que tomen cartas en el asunto, porque sino nosotros mismos nos veremos obligados a defender nuestras unidades y usuarios”, advierte.