PARA TI, JOVEN
¿CómO SE le ocurre hablar de la enfermedad a unos jóvenes? Pubertad, adolescencia, juventud llena de vida, vida que brota a borbotones, capullos que se abren a la vida. ¿No tiene un tema más propio del que hablarnos? Parece que en realidad no tuviera nada que ver con la adolescencia, con la juventud. Sin embargo la realidad es otra. Tu vida, joven, no sólo es cuestión de teléfonos, de música, de fiestas.
Veamos. El mismo Martín Descalzo en “Razones desde la otra orilla” nos va a aportar mucha luz.
“La experiencia personal y el trato con muchos enfermos me ha descubierto que hay –hablando en síntesis– cuatro posturas ante la enfermedad:
LA REBELDÍA CON NERVIOS. Es la postura más común. Ese enfermo se desconcierta ante la llegada del dolor. Reacciona ante él como un chiquillo rebelde. Increpa al cielo, se pregunta a sí mismo, multiplica su tensión interior. Con lo que añade a su enfermedad física una segunda enfermedad espiritual que acaba siendo más grave que la primera: la angustia.
LA SEGUNDA POSTURA (casi siempre consecuencia y desenlace de esta primera) es el derrumbamiento con amargura. El enfermo se entrega. Ve a la enfermedad como un monstruo al que él no vencerá jamás. Y se precipita a la negatividad de la amargura. La angustia va convirtiéndose progresivamente en un deseo de muerte que sólo a ella conduce.
LA TERCERA POSTURA es la de algunos cristianos que también se derrumban ante el dolor, pero que en lugar de derrumbarse en la amargura, lo hacen en la resignación. Se resignan a los deseos de Dios. Estos son algo más positivos, porque siempre es mejor entregarse en las manos de otros que en la negación. Pero es también una postura nada despertadora de energías vitales del alma. Olvidan que entregarse a Dios no es entregarse a la inactividad espiritual, sino entregarse a la fuerza de su amor.
POR ESO YO PREFIERO la esperanza a la resignación, la esperanza es activa, ardiente. Y debe empezar por la aceptación, la aceptación serena de la enfermedad como una parte de la vida ¡Como una parte que es limitadora! -¡No llamemos bien al mal!- pero no sólo limitadora: la enfermedad tiene rostros buenos, la posibilidad de despertar “OTRAS” fuerzas del alma con las que ni contamos en la vida ordinaria.
“Así el ENFERMO POSITIVO es aquel que ni se resigna ni se derrumba. Se dispone más bien a sacarle jugo a sus limitaciones, a despertar esa otra alma que tal vez tuvo dormida, seguro de que poner en marcha esa otra alma será, a la vez, la mejor de las medicinas.”
Tal vez, amigo, no te haya resultado interesante este artículo, porque está rebosando de salud. O tal vez a TI, que sufres te pueda ayudar a ser un enfermo positivo que coloca la enfermedad DENTRO DE SÍ, como una prueba de la vida, una dificultad que debe vencer, pero de la cual pueden salir a la larga o a la corta algunos beneficios: una ocasión, una apuesta, un reto.