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Jóvenes sin espacio laboral


El joven, que insiste en omitir su nombre, es estudiante de Jurisprudencia. No dice de qué universidad. Después, mientras se seca la cara y parado al frente de la primera puerta de Universidad Técnica de Manabí, UTM, revela que está apoyando el voto por el SÍ y puntualmente al precandidato a alcalde de Portoviejo, Félix Alcívar, porque éste le ofreció un trabajo en la Corte Superior de Justicia de esta ciudad.
“No me indicó en qué o de qué trabajaría, pero sea lo que sea, igual es trabajo”, agrega. Un taxista que estaba detrás de él, escucha lo que dice y al ver que se aleja, comenta que “sólo así se entiende que alguien esté aguantando sol gratis en estos tiempos”, comenta.
El estudiante anónimo, aspira, como la mayoría de los universitarios del país, entrar a trabajar en el sector público y con ello dejar de ser un desempleado que, en la población ecuatoriana de 14 a 26 años, llega al 10, 8 por ciento, según un dato tomado de diario El Universo.

Ya no hay campo
en sector público
Héctor Chica, de 23 años, estudia Ingeniería Civil en la UTM. Está en séptimo semestre y no niega que una de sus aspiraciones, al terminar su carrera, es trabajar en el área pública.
Chica, quien viaja diariamente desde Crucita, confiesa que siente temor de no encontrar trabajo y con ello perder la inversión que sus padres están haciendo al pagarle los gastos que le representa asistir a la universidad.
“Eso me obligaría a ingeniarme un plan B, pero no lo tengo”, revela.
Chica comenta que su única alternativa, de no encontrar trabajo, es emigrar a Estados Unidos, donde viven varios de sus familiares.
Bruno Ponce, de 26 años, está en el grupo de los desesperados. Tiene título de ingeniero comercial, “pero quiero trabajar en lo que me salga”, dice. Él ha ingresado carpetas con su currículo vitae en varias empresas y comercios. De hecho, una de ésas forma parte de las 1.000 que recogieron los empleadores de la cadena comercial Súper Éxito, que próximamente abrirá en Portoviejo. Allí sólo hay cupo de trabajo para 112 personas.
Ponce explica que enviar una carpeta al sector privado es jugarse una lotería, “pero enviarla al sector público sin estar ‘amarrado’, eso no tiene sentido”, indica, argumentando que por mucho que alguien tenga capacidad, lo que vale en estos tiempos es el ‘padrinazgo’.
Además es un área que está saturada y ya no hay campo para más gente, añade.
El testimonio de Ponce es una realidad que demuestra el Centro de Investigaciones Sociales del Milenio (CISM), a través de sus estadísticas hechas en el 2006, en las que se señala que la Población Económicamente Activa (PEA), de 15 a 26 años, representa el 9,2 por ciento de los empleados en el sector público, mientras que los trabajadores de 26 años en adelante tienen copado ese sector con el 80,8 por ciento.

Los tiempos han cambiado
Edda Rivera, de 54 años, es maestra de la fiscal Luis Dueña Vera, del sitio Limón Afuera de Picoazá. Afirma que, sin ser analista, las estadísticas del CISM son ciertas.
Rivera pone de ejemplo su experiencia. “Cuando salí del colegio, el nombramiento de maestra me llegó a la casa”, asegura.
Ahora ni con título de magíster es fácil encontrar trabajo, añade.
La maestra, oriunda de Chone, explica que antes era difícil estudiar, pero había trabajo en cualquier área.
“Ahora es al revés, todo mundo estudia, pero no hay trabajo”, enfatiza.
El sociólogo Raúl Muñoz indica que esa falta de trabajo a la que se refiere Rivera, es una variable (cambio) social que se esperaba para esta época y que para ello se debió prever un rediseño en el sistema educacional de las universidades.
“Hasta las décadas de los ‘80 y ‘90 el Estado daba trabajo y con ello las universidades sólo se enfocaban en preparar profesionales para esa función”, explica.
Para el sociólogo, la época en la que vivimos y la que se viene, obliga a las universidades a cambiar las carreras que ofertan, puesto que éstas gradúan a profesionales en áreas saturadas que terminan inflando las estadísticas del desempleo.
“Además deben cambiar la mentalidad del estudiante, entregando a la sociedad profesionales con metas empresariales en la que sean ellos los que creen trabajo y no los que salgan a buscar donde ya no hay”, subraya.
En ese sentido, Muñoz advierte que los cambios de carreras tienen que ser enfocados de acuerdo al área en la que desenvolverán los futuros profesionales.
“Por ejemplo, acá en Manabí hay campo por explotar en la agroindustria, turismo y biología marina; y las que se vienen a futuro son la ingeniería en petróleos y transportes por los proyectos de la petroquímica y las vías intermodales que se plantean.
Carreras se saturan
por seguir modas
Ligia Contreras, de 20 años, estudia Ingeniería en Sistemas en la UTM. Dice que eligió esa carrera porque cuando estaba en el colegio escuchó de “todo el mundo” que allí estaría el futuro laboral y porque la palabra “informática” la impresionó.
Esa ilusión que tuvo cambió por una actitud de preocupación, pues ve que muchos de sus compañeros de cursos superiores, incluso con título, están sin trabajo y los que sí lo tienen, lo ejercen arreglando computadoras o dando clases en computación.
“La experiencia de Contreras es una tendencia errónea de la época de globalización”, refiere el sociólogo Muñoz, argumentando que muchos chicos escogen la carrera a seguir sin una visión clara de lo que quieren.
“Esto sólo por ir con amigos o porque los impresiona el título que tendrán”, agrega.
Muñoz expone que la Ingeniería en Sistemas no es una carrera con campo laboral en Manabí. Lo mismo está pasando, en este caso por exceso, aclara, con Jurisprudencia, Ingeniería Civil, Economía y Administración de Empresas.
Ese análisis de Muñoz cala justamente en Fabricio Macías, de 25 años, quien tiene título de economista, pero trabaja de taxista porque en su área no encontró trabajo.
Lo mismo le ocurre a Richard Loor, de 27 años y abogado de profesión. En su caso, la venta de encebollados fue la alternativa.
Quien no pierde las esperanzas de encontrar trabajo es Martha García, economista de 28 años, quien constantemente compra El Diario, no para hacer análisis económicos, sino para ver la sección de clasificados en la que se anuncian empleos. <<

82 POR CIENTO
de los trabajadores de la función pública tienen 26 años en adelante.

“Mi primer empleo”, programa del Gobierno
Con el objetivo de insertar a los jóvenes universitarios en el campo laboral, el Gobierno, a través del Ministerio de Trabajo y Empleo, desarrolla, desde el año pasado, un programa permanente denominado “Mi primer empleo”.
El plan gubernamental de pasantías para estudiantes intenta que éstos adquieran experiencia laboral, haciendo pasantías pagadas en las distintas áreas de la función pública.
Celeste Briones, encargada en Manabí del programa, dice que el plan ya está beneficiando a cerca de 150 jóvenes, quienes reciben un salario de 120 dólares por hacer las prácticas y sólo en medio tiempo (4 horas diarias).
“Por el momento existe una gran demanda; sin embargo, no hay cupo para tanta gente, por ello están en espera más de 500 carpetas de universitarios que intentan hacer sus pasantías a través del Gobierno”, indica.
Briones explica del total de los chicos, sólo dos se han quedado con el trabajo, pues afirma que muchos no cumplen con los requisitos de puntualidad y responsabilidad que se les exige. La pasantía de cada estudiante dura 6 meses y la inscripción se hace a través de página de internet www.mintrab.gov.ec o enviando los datos personales al correo electrónico primer_empleo@mintrab.gov.ec.





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