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Revela que esa sensación no fue solo de él, asegurando que todos sus vecinos de la ciudadela San Gregorio, más conocida como "La Piñonada", salieron alborotados de sus casas pensando en lo mismo.
“De hecho, muchos nos arrodillamos en las calles para rezar”, confiesa Macías, de 20 años, quien asegura haber vivido “una madrugada de infierno”.
Con cada explosión el piso vibraba y el cielo se iluminaba con el fuego que se esparcía por el aire. Era una noche de terror.
Con igual nerviosismo que Macías y actuando por instinto, Edison Rivera se despertó asustado y salió corriendo junto a su familia, pues observaba, sin entender, como varias "bolas" de fuego caían sobre el motel Aruba, local que administra.
"Fue una madrugada de terror, todos los que habitamos por aquí pensamos que el mundo se acabaría", expresa, comparando a las explosiones sólo con las que se dan en un bombardeo de guerra.
Rivera explica que, después de conocer el origen de las explosiones, que se dieron justo a un costado del local que administra, regresó al motel. Allí descubrió que los techos de varias habitaciones habían sido perforados por los cilindros que cayeron en el local.
"Por suerte no teníamos a ningún cliente, sino estaríamos lamentando una tragedia mayor", afirma, estimando que los daños en el motel ascienden a 5 mil dólares.
Más pérdidas económicas
Sin especificar los daños, Francisco Cevallos, administrador del centro de acopio de gas a donde llegaría el tráiler plataforma con los 933 cilindros que explotaron, estima que las pérdidas económicas ascienden a 40 mil dólares.
"Esto sólo tomando en cuenta el daño de los tanques", aclara.
Cevallos indica que el tráiler llegaba desde Isidro Ayora, Guayas, y que, de acuerdo a lo que le contó el guardia, el chofer había puesto conos luminosos para anunciar que iba a retroceder, "pero justo cuando estaba por ingresar a la distribuidora, fue embestido por un carro que ocasionó el accidente, provocando una serie de explosiones con los cilindros de gas", añade.
Moradores de sectores aledaños coinciden al decir que las explosiones de los cilindros parecían un bombardeo de guerra, similar a los que observan en Irak a través de la televisión. Otros las compararon la erupción de un volcán.
Intentó escapar de la explosión pero encontró la muerte
Duras escenas de dolor se vivieron en la villa José Fernando, ubicada a 200 metros del lugar del siniestro. José Vélez Mera fue alcanzado por una válvula de gas cuando pretendía ponerse a salvo de las explosiones junto a su familia. El artefacto le cercenó la pierna y, como consecuencia, Vélez murió desangrado.
Él llevaba a su nieto, de 3 años, quien afortunadamente resultó ileso, mas no su hija Erika Vélez Vera, quien también fue alcanzada por un hierro. Ella fue operada a tiempo.
Magdalena Vera, esposa del occiso, contó que estaban durmiendo cuando comenzaron las explosiones y que decidieron abandonar la casa cuando la gente corría en busca de un refugio. Ella no encontraba consuelo para su dolor ante la pérdida del hombre con quien procreó 5 hijos.
Horas antes del deceso la pareja había conversado sobre los trabajos que haría en la casa que estaba construyendo a una de sus hijas.
Luis Pinargote, sobrino, indicó que como no había forma de conseguir una ambulancia lo embarcaron en una camioneta y lo sacaron del lugar, pero en el camino fue cambiado a la ambulancia del cuerpo de bomberos. En el hospital permaneció un par de horas antes de fallecer.
Otras heridas fueron Martha Elizabeth Párraga Carrillo (22) y Rosa Vélez Cevallos (54).