APOYO
Una batalla con el cáncer que se libra con fe y optimismo
Jéssica Ponce de Flecher (32) muestra una amplia sonrisa y pide que le pongan sus nombres completos. “Orgullosamente soy de Manta”, dice en un tono jovial y transmitiendo una vitalidad que, en su estado, para muchos es un imposible pero para ella es una constante.
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OPTIMISMO Jéssica Ponce de Flecher sonríe al fotógrafo desde la cama que ocupa en la casa solidaria. Tiene 32 años y un espíritu que parece invencible |
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Miércoles, 24 Diciembre 2008 17:52
Eldiario.com.ec
Acaba de someterse a la última quimioterapia y lucha contra el cáncer uterino que se ha tomado su frágil cuerpo. Nada la hace desmayar en su intento de recuperarse para celebrar su cumpleaños 33. Esta madre de un niño de un año indica que estar aquí es “como llegar el cielo y ver a los ángeles”. Su madre Mary Cedeño, asienta mientras le acomoda la almohada y ella se quita la boina que cubre su pelo, que está creciendo nuevamente y sonríe en forma pícara al fotógrafo, a quien le pide que la saque bonita. Y lo es a pesar de su extrema delgadez.
Jéssica es una de los 14 pacientes asilados en la casa “San Vicente de Paúl” para personas de extrema pobreza con enfermedades terminales, donde el ambiente que se respira infunde ánimos porque, como dice su presidenta Ketty Ureta de Medranda, “se ha culturizado el tema de la muerte” a través de charlas y los internos no sólo mejoran en esta lugar su calidad de vida sino que se les quita el miedo a morir.
En la habitación de al lado está Angelita López Santana (23), de Los Esteros. Afectada por lupus, espera celebrar mañana el sexto cumpleaños de su hijo. Está firme en su propósito de volver a su casa en mejores condiciones. Muestra su abdomen hinchado y cuenta las veces que han tenido que extraerle líquido porque sus riñones están afectados. Pero no pierde la fe, ni la sonrisa.
También está Margarita Córdova (54) y natural de Bahía de Caráquez, cuyos hijos están lejos y no pueden visitarla. Sólo viene una amiga a verme, cuando puede, pero aquí me cuidan y me quieren, agrega.
Afuera, en el patio, otras personas comparten con las misioneras y los pasantes de tecnología médica de la universidad Eloy Alfaro que les dan terapia. Entre ellos está Ramón Anchundia (66), que recuerda sus tiempos de futbolista y añora a sus familiares, que no llegan a verlo. También están: Vicente Anchundia, Eladio Benito Zambrano y otros asilados para quienes el cáncer dejó de ser un nombre que da miedo y libran una batalla diaria que saben perderán, pero no se la van a hacer fácil…
Labor solidaria
Detrás de esta labor social está Ketty de Medranda, quien indica que a los pacientes se les hace un estudio socio económico para ver las condiciones de vida de sus familiares, porque a veces sí tienen cómo mantenerlos pero no la voluntad de hacerlo. Aunque a la mayoría sus familias les ayudan, hay algunos que llevan el tratamiento gracias a la solidaridad del prójimo.
“Hay personas con cáncer que viven en condiciones infrahumanas en sus hogares, aquí se les mejora la calidad de vida, se les quita el miedo a morir”, dice esta mujer de voluntad férrea y carácter dulce, que hace 19 años empezó a hacer voluntariado en el hospital y se familiarizó con el dolor ajeno. Su dinamismo ha sido clave para sacar adelante el hogar.
ENTRE APOYO MUTUO Y PREOCUPACIONES
Esta casa, donde la solidaridad es la carta de presentación, está ubicada en el barrio Los Geranios. Empezó a funcionar en mayo del 2005 en un terreno de 5.000 metros cuadrados que compró Ketty de Medranda, y hoy el área es casi de 10.000 m2. Es atendida por 4 misioneras de la Fundación Cotolenga de Italia, dirigidas por sor Mary Soshiyath, quien es de la India. “Esto me ayuda a crecer en lo humano y espiritual, transmitiendo esperanzas a ellos, manteniendo una relación mutua, como en familia”, indica sor Mary, con quien empezó la casa solidaria.
La parte financiera es una preocupación constante. Ketty de Medranda indica que el 11 de febrero, día del enfermo terminal, hacen el coctel del amor a nivel de empresas o personas que tengan más recursos; y también reciben ayuda de instituciones y personas identificadas con esta causa.
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