Childerico Cevallos Caicedo
El síndrome del cambio II
El presidente Rafael Correa ha abierto varios frentes en los cuales quiere dejar su sello particular de cambio, enfrentándose directamente contra quienes, estima, interfieren en su proyecto de transformar al país.
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Domingo, 7 Junio 2009 22:11
Eldiario.com.ec Transformar el país basado en el manejo de todos los poderes del Estado para beneficio de sus intereses, especialmente con la dirección que impondrá desde la Asamblea Nacional, en la que ha logrado una mayoría para descargar su vendaval de pasiones sobre los estratos que, presume, dificultarían su trabajo, hilando de tal manera que las piezas encajen con su estrategia de borrar barreras en pos de la consecución de su socialismo siglo XXI.
Socialismo del siglo XXI por el que enfrenta a quienes no están bajo el control del Ejecutivo para que marchen con el esquema que ha mentalizado, que se concretaría a través del manejo de la Asamblea Nacional.
Asamblea Nacional que le facilitaría imponerse sobre los funcionarios que aún no están bajo su égida directa, es decir a quienes en otros gobiernos era casi imposible atemorizar por tener la protección del Congreso Nacional, pero que ahora están a la mano en razón a la fragilidad administrativa que se daría con la nueva mayoría en la Asamblea, afín al gobierno y atenta a las disposiciones del Ejecutivo.
Ejecutivo que dirigirá los actos y dictará las decisiones de la Asamblea, a similitud de la de Montecristi que tendió la mesa constitucional para se sirvan los jerarcas del cambio bajo la dirección del Emperador, que cada día se muestra más ambicioso, altanero y osado.
Osado a tal extremo que para subrayar la frontalidad con que actúa, dispara también contra los medios de comunicación, al parecer para no dejar dudas sobre su decisión de que ha entrado en una cruzada doctrinaria sin límites. Sin límites como para atreverse a proclamar su reto a la prensa con la imposición de regulaciones tendiente a manejarla a su antojo, en copia de la posición del dictador venezolano, maestro del nuestro, al que superaría de llegarse a realizar sus intenciones de crear un ente internacional para el control de la prensa.
Prensa que en Ecuador no deja de ser vilipendiada, acosada, insultada y amenazada desde la misma corona del socialismo del siglo XXI, sentando señales para que sigan el camino los miembros de la corte, tejiéndose una maraña con hilos tupidos como una red arácnida pegajosa que ya ha logrado controlar la mitad de los canales de televisión, de varias radios y periódicos, por posesión, por presión o por conveniencia.
Conveniencia que, lamentablemente, sobreponen al deber, a la dignidad, a la defensa de la independencia que nos dan la Democracia y la Constitución, a esos derechos inalienables que hay que defender con todas las fuerzas y maneras porque en ello está la sobrevivencia de la misma libertad.
Libertad que demanda la meditación y concienciación del ecuatoriano sobre el futuro de su nación, de sus hijos, de su honor.
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