El “descanso… atención firme…”, es la voz que sobresale en el comando provincial de policía, que a las diez de la noche luce vacío y semioscuro. Quince hombres del grupo Omega, una unidad especial de la institución creada para disminuir el índice delictivo de la provincia se preparan para salir a las calles.
INTERVENCIÓN Los uniformados retiraron los polarizados de los vidrios de los carros, al igual que revisaban a los conductores
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“Recuerden que sus esposas e hijos los esperan en sus hogares, mañana será otro día y debemos hacer las cosas bien y sentirnos orgullosos de ser policías…”, así los alienta a los uniformados Jorge Coello, jefe del grupo, antes de salir.
Un equipo de El Diario acompaña al piquete policial.
Empieza el
recorrido
Tres patrulleros encienden las luces y sus sirenas empiezan a sonar. De inmediatos los uniformados toman sus armas y se dirigen a los carros, unos riendo, otros muy serios, producto del nerviosismo que provoca el no saber lo que pueda pasar en el transcurso de la noche.
Una música suave y con el volumen bajo relajaba a los cinco uniformados que viajaban en el automotor.
Luis Loor, un policía se entretenía con su celular, en la radio policial no dejaba de escucharse voces. “Nos dirigimos en el golfo uno” exaltó el jefe, indicando que su lugar de destino sería la parroquia La Pila, en la vía Jipijapa- Guayaquil. Una de más peligrosas de la provincia. Loor recordaba las bendiciones de su querida madre, quien vive en Santo Domingo de los Tsáchilas y desde lejos reza para que a su hijo no le pase nada, comentó.
El viaje era cansado, cada uno de ellos guardaba silencio, de repente la voz de Héctor Zambrano, conductor de la patrulla, se hizo notar. “Siempre quise ser policía para servir a mi pueblo”, señaló mientras su mirada sólo estaba dirigida al frente.
La frase puso a pensar a todos sus compañeros, quienes para estar tranquilos cerraron los ojos por un momento. “Cada vez que salgo de patrullaje le doy la bendición a mi esposa,”, replicó el chofer, quien tiene una responsabilidad enorme y debe estar con los cinco sentidos en el volante, pues de él depende que sus compañeros lleguen sanos y salvos.
En el auto cada quien sabía lo que debía hacer, todo era silencio, ya faltaba poco para llegar al destino final y los gendarmes estaban listos para realizar el trabajo.
La noche era fría, el cielo estaba nublado y no se divisaban las estrellas, en cuestión de minutos los policiales se bajaron del auto, ubicaron los conos de seguridad y así iniciaron el operativo.
Requisa
El reloj marcaba las 22h45, todos estaban en sus posiciones de trabajo, los seleccionadores estaban muy despiertos escogiendo los vehículos, pues de ellos depende que el control sea todo un éxito.
Los entrevistadores realizaban lo suyo, pues su función es decirles a los conductores el motivo y el por qué del operativo, para que posteriormente los registradores actúen, y revisen muy detenidamente los carros sin dejar escapar algún detalle.
A unos cinco metros, armados, encapuchados, y con el chaleco anti balas puesto, se encontraba los que brindaban seguridad a el resto del equipo. Más de cincuenta automóviles fueron requisados, todo estaba controlado por los vigilantes.
Los ciudadanos respetaban la labor policial, un poco nerviosos obedecían las órdenes, manifestaban que siempre será importante que realicen controles para disminuir la delincuencia.
Impresionada y un poco asustada, se mostró Aurora Hidrovo, quien colaboró con la policía, al igual que Energi Castro, quienes indicaron que esta clase de operativos se debían extender en toda la provincia y el país.
El operativo fue un éxito, los oficiales decomisaron armas blancas, y también retiraron vidrios polarizados, que podían ser utilizados para fines delictivos. Con la misma rapidez que se instalaron, recogieron los conos de seguridad y los embarcaron a la camioneta. El operativo había culminado, y un nuevo viaje de retorno a Portoviejo los esperaba.