Estadista, cualidad que debería exhibir en su condición de primer mandatario de una nación con serios problemas sociales y muchísimas más dificultades económicas, campo precisamente en el que fuera a prepararse en universidades extranjeras para regresar a "ilustrar" a sus pobres colegas nacionales impreparados en las vulgares universidades ecuatorianas.
Universidades ecuatorianas ubicadas ahora frente al paredón para abalearlas, garrotearlas, vilipendiarlas con la incontinencia verbal reconocida, producto de la vorágine arrolladora del "socialismo del siglo XXI", cuya "revolución ciudadana" es sencillamente de opresión ciudadana con oprobiosas repercusiones en las libertades ciudadanas.
Libertades ciudadanas reducidas constantemente, en forma inversamente proporcional al aumenwto de las canonjías que asume el Gobierno y a los poderes supremos que adquiere su principal mandatario en la búsqueda del totalitarismo que satisfaga su non plus ultra ego.
Non plus ultra ego que siembra la discordia para enfrentar a los ecuatorianos, con la visión maquiavélica de "divide y reinarás" aplicada ahora a las universidades luego de haberlo hecho con los maestros de escuelas y colegios, a los que satanizó, degradó y humilló supuestamente para aplastar a un partido político de izquierda que durante muchos años ha ejercido mando y dominio sobre la educación elemental y de segunda enseñanza, a través de la Unión Nacional de Educadores.
Educadores que han sentido la virulencia de la dislexia social que predomina en el gobernante y que, siguiendo la metodología de Maquiavelo, lo hace enzazarse al atacar a quienes supone sus oponentes en vez de enfrentar los verdaderos y reales problemas comunitarios para buscar sus soluciones.
Soluciones que, no estando a la mano en vitrinas de estantes comerciales, se confundirán y retrasarán más en florecer con la política del garrote usada por el Ejecutivo, lamentablemente seguida por genuflexos que suelen acechar en las ocasiones especiales para convertirse en parásitos.
Parásitos que han demostrado sobrevivir también en las universidades, centros que tienen en la ocasión actual la oportunidad de detectarlos e identificarlos plenamente por sus orígenes, costumbres, tendencias y daños causados; y clasificarlos en la escala biológica correspondiente para aislarlos y/o erradicarlos.
Aislarlos y/o erradicarlos, urgentemente, porque así lo demanda la lucha por la sobrevivencia de la democracia y de las libertades generales.