Walter O. Andrade Castro
Los felices del 2010 (2)
La semana anterior escribí que la burocracia estará feliz este año porque su sueldo - cada quincena o cada mes, me lo dijo un respetable funcionario del estado el año anterior - llega porque llega así el Ecuador se caiga en pedazos. En un gobierno generoso con el sector, que cree en una participación activa y cada vez más grande del estado en el mundo de los negocios y en la vida de los ciudadanos en general, es lo mínimo que se puede esperar. También comenté que los contratistas del sector público, quizás con un poco de prudencia, estarán así mismo en el grupo de los felices por la misma razón: se los buscará cada vez con más frecuencia porque un estado poderoso, que arriesga, tiene que contratar. Pero alguien me escribió y me dijo: “¿Y los comerciantes, los industriales, los banqueros, los exportadores, se van a morir de hambre? “
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Lunes, 4 Enero 2010 18:00
Exactamente no. Es más, estarán muy lejos de lejos de esa posibilidad. Pero lo que quise decir es que en el sector privado, que no depende del estado o de la inversión del sector público, todo es riesgo, nada está seguro. Y para sobrevivir con éxito en un mundo cada vez competido y al mismo tiempo muy regulado y controlado por parte del estado, se necesita recurrir al ingenio creador, al sacrificio económico en algunos casos y a prescindir de ciertas cosas en otros. El sector entonces como que caminará sobre terrenos fangosos y no permitirá un desplazamiento rápido como los tiempos exigen. Tendrán dificultades para moverse la mayoría, pero claro, siempre habrá los que con experiencia de otros gobiernos puedan sortear las piedras del camino. El problema es entonces para los que no tienen las habilidades para desenvolverse en un ambiente así de difícil.
El sector privado por tanto no la tendrá fácil. A diferencia de los burócratas que tienen ingresos fijos y a quienes poco les importa que el precio del barril de petróleo esté en 30, 40 o 70 dólares, los que con creatividad y sacrificio crean empresas y generan empleo, si deben estar pendientes de las oscilaciones del precio porque la venta de muchos de los servicios o de los productos que ofrecen dependen de la capacidad adquisitiva que la inversión o la renta petrolera trae consigo. Y cuando llueve mucho o cuando llueve poco, el sector privado sufre lo indecible. En cambio los que viven directa o indirectamente del estado, siguen muy contentos, sus ingresos están asegurados. Para ellos el clima le es indiferente. No perdón, no lo es: la lluvia les puede dañar los días de playa.
¿Qué sería lo deseable? Que los dos mundos – el público y el privado – se ayuden mutuamente, se complementen y juntos, sin privilegios, avancen hacia el progreso.
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