Jorge Mosquera P
Portoviejo se levanta
Una vez más estamos comenzamos un nuevo año, uno más al que pretendemos ver como una nueva oportunidad, aun sin saberlo; lo guardamos como una expectativa.
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Viernes, 5 Febrero 2010 18:00
Cargado de problemas tan decisivos para la humanidad como el calentamiento global, una factura por cobrar que nos toca a la puerta, el colapso de parte del sistema financiero internacional que amenaza desde el corazón del capitalismo con despedazar al sistema; o, en lo domestico, la continuidad de una nueva forma de ver al país desde la óptica política del gobierno de la Revolución Ciudadana o la oscuridad que se nos factura a diario por la insuficiente generación de energía. Así de este modo terminamos un mes de enero que nos trajo las primeras lluvias, tarde y sin que podamos darnos el lujo de prever su naturaleza. La ciencia parece haber cedido ante la brutal imprevisión del cambio climático. Portoviejo, en tanto se caotiza mas allá de sus propias expectativas. Como la sucesión de los años se suceden también los mismos problemas. La cara de Portoviejo termina de ensuciarse a plenitud. La suciedad en sus calles aumenta, los vendedores ambulantes las cierran, el transito se vuelve insufrible y rige la ley de la selva; la normativa municipal parece un mito que alienta la destrucción de las calles y el mal gusto de los espacios. No hay otra ley que la del ciudadano que busca aprovechar el espacio público para satisfacer sus propios intereses, no importa cuales, ni cuantos, ni quienes ni donde; lo importante es hacer lo que se quiera, a costa de la ciudad.
Los habitantes de Portoviejo, políticos incluidos, no entienden a la ciudad como el lugar donde se ejerce la ciudadanía, tampoco que ser ciudadano es ayudar a construir ese espacio público donde pasamos nuestra vida y con el que formamos una identidad vital indivisible. No sienten el derecho a tener un espacio público limpio, ordenado, hermoso. Apenas atinan a exigir que se hagan cosas, que sean las autoridades las encargadas de edificar una ciudad en la que le gustaría vivir, como si de su propia casa familiar se tratara y seguir el sueño, luchando a diario para que más y más habitantes de la ciudad se unan y sueñen lo mismo: hacer de Portoviejo una ciudad amable, culta, de buen vivir, donde se sienta y se ejerza la ciudadanía. Pero soñar no cuesta nada y ya sé que estoy soñando, basta con salir de la casa para darme cuenta de que es así.
El maltrato a la ciudadanía hiere y la inconsciencia de sus habitantes deprime. Seguramente por esta realidad hiriente de la ciudad en la que vivo, frases pintadas en una pared de ese desconocido espacio público, parecen una burda crueldad con una ciudad que por incomprendida parece no existir.
Comentarios
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pero este hombre esta loco o es que tambien esta pillando algo de los politicos |
Por: - 2010-02-22 |
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