EDITORIAL
La majestad de la fiscalía debe ser respetada
Con la implicación del Fiscal General del Estado, Washington Pesántez, en una probable acción de prevaricato y de quebrantamiento a la ética y a la moral, a raíz de un lamentable accidente de tránsito en el que muriera una ciudadana colombiana, y en el que se involucra a su esposa como causante del mismo, la institución a la que representa este funcionario puede salir lesionada por las connotaciones que el caso está tomando.
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Viernes, 5 Febrero 2010 18:00
Pesántez, quien fuera designado para esa alta dignidad y representación por la Asamblea de Montecristi, ahora es centro de críticas y amenazas de varios asambleístas que gestionan el inicio de un juicio político en su contra.
Si bien la mecha que encendió esta pasión fue el pronunciamiento del fiscal sobre la inocencia de su esposa, las cosas están siendo trasladadas a otras instancias emotivas que podrían confundirse como persecución, incluso de orden político, de no llevarse con seriedad, precaución y responsabilidad las acusaciones que se le hacen.
Recordemos que el accidente de tránsito ha contagiado a la fiscalía en toda su extensión, a raíz del respaldo que los fiscales del país brindaran públicamente a su jefe, lo que ha sido calificado como una acción irregular porque con esta acción los firmantes habrían dejado de lado la imparcialidad.
De ser así, las intenciones iniciales para que el penoso accidente sea esclarecido para que brille la verdad están tomando otros rumbos, pues de un lado se trata de encontrar lazos comprometedores entre el fiscal y varios asambleístas que tendrían familiares trabajando en la Fiscalía, mientras que por otro, el mismo Fiscal Pesántez denuncia el interés de algunos asambleístas de estar interesados en su separación para debilitar la presión que hay en juicios como el del caso Filanbanco.
En tales circunstancias, de no predominar la conciencia, el país será nuevamente el perdedor.
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