Ante esta cruel realidad, la noticia de que el estado ha decidido afrontar la fabricación de medicinas genéricas para que se utilicen en los hospitales y centros de salud públicos, sin costo alguno, es de una trascendencia única e incalculable.
Conocemos y sabemos, como medico que hemos deambulado junto a dolor humano por el lapso de 50 años, el martirio y las invencibles dificultades por la que atraviesan los familiares de un enfermo de los estratos populares para afrontar los gastos que ocasionan una enfermedad.
Esta resolución serviría, además para que la empresa privada que produce medicinas a nivel nacional se vea forzada a mejorar la calidad de sus productos, pues vendrá la obligada comparación y en consecuencia la competencia que genera mejorar la calidad de sus productos y disminución de precios, beneficiando así en todo sentido a quien lo necesite.
Las multinacionales farmacéuticas que tienen comprando el mercado mundial de medicinas, querrán meter mano en esta resolución, porque se perjudicará a sus intereses; mas, creemos que el gobernante actual no dará paso a ninguna clase de presión porque conocemos el sentido social básico que ha dado a su gestión.
Esta medida salvadora no entendemos por qué no se dio antes, conociendo que el presupuesto para salud en una familia pobre significa un valor decisivo, y simplemente se queda en no tomar la correspondiente medicina y se espera la visita de la que nunca falta: la muerte. Y hablamos de enfermedades "criticas" porque los problemas de salud "pelucones" como colesterol alto, ácido úrico o triglicéridos elevados o hígado graso, tan frecuentes en todo estrato socio económico, pero de mucha mayor incidencia en organismos sin una alimentación adecuada, no se contempla en ninguna caso su tratamiento.
No tan solo quien tenga dinero debería poder tratarse de cualquier enfermedad sino todos los que se ven abocados a estas circunstancias; así se podrá afirmar, sin empacho y a voz en cuello, "la salud ya es de todos"