Mucho tiempo ha pasado desde aquellos días ya lejanos en que Portoviejo, la centenaria capital manabita era una pequeña villa de 69.000 habitantes y solo había un edificio de 6 pisos, catalogado como el más alto de la urbe, (el edificio Bravo).
Eran tiempos de inocencia e ilusiones, de pequeños descubrimientos, de sueños de progreso para unos y de consumaciones personales para otros.
Era marzo de 1972, Centro y Sub America estaban gobernados por dictaduras militares, a excepción de Colombia, Venezuela, Chile y Costa Rica. Recuerdo como si fuera ayer, el Dr. Velasco Ibarra, cinco veces presidente del Ecuador, que convertido en dictador civil en 1970, había sido derrocado por el General de Brigada Guillermo Rodríguez Lara, en el famoso “carnavalazo” (16 de febrero de 1972), pretendiendo establecer un gobierno “Nacionalista Revolucionario, que duró cuatro años, hasta 1976.
Los Amigos no se hicieron esperar, y la curiosidad por el saber y el conocer, empezó a forjarse en la mente y el corazón.
Cada día en la Pedro Gual, muy por la mañana, una hilera de jóvenes olmedinos, con su característico uniforme caqui, corbata y escarapela, hacíamos fila india en el “777”; el “niño Tomás Espinales”, muy puntual, estacionaba el viejo bus del Olmedo, bajo su atenta y perspicaz mirada. El viaje hasta el centenario colegio era una jarana de voces juveniles, unos cómodos en sus asientos, otros de pié, soportando el aletazo de los que no se habían bañado por la mañana.
En aquella época portovejense del 72, EL DIARIO festejaba sus 38 años de vida, y varios jóvenes idealistas y soñadores olmedinos, iniciábamos los estudios secundarios, entre ellos estaba Ricardo Alarcón Cobeña de 12 años. Otros en cambio como Manabí Macías Miranda (+) de 19, dirigente estudiantil, culminaban sus estudios secundarios, mientras que el recordado y estricto profesor de EE. FF. Kiko Morlá (+) de 40, nos hacía correr como gacelas, hasta la pared del Diario Manabita, carreras que muchas veces terminaban en desafíos estudiantiles.
Dumar Iglesias Matta de 24 añós, iniciaba sus batallas culturales, mientras el Dr. Humberto Guillem, de 30 años y su hermano mayor Julio, ejercían la actividad médica.
Elmo Macías, radiodifusor se dedicaba a la comunicación social en radio Cenit, mientras su hijo, el joven Fernando Macías de 16 años, le ayudaba a su padre en los quehaceres radiales y Atenaida Cedeño Avellán, vivaz y deslumbrante niña de ocho años, jugueteaba con su bisicleta “americana”, frente al Hotel San Marcos.
Años inolvidables para una ciudad que se proyectaba al futuro y se jactaba de poseer cinco radioemisoras en amplitud modulada: Canal Manabita, Cenit, La Voz de Portoviejo, La Voz de Manabí, La Voz del Volante. Periódicos como la Provincia, Diario Manabita y una galería de seis salas de cine y un cine teatro, como el Recreo.
Un competente equipo de fútbol la Liga de Portoviejo, hacía vibrar a una fiel hinchada, donde militaban ídolos del balompié Nacional e Internacional, como el padre Bazurco,el uruguayo Alayón, el argentino Robila, los manabitas Cesar Mendoza y Ramón Ormaza.
A más de estas bondades, Portoviejo contaba con hermosos centros de diversión, como Las Vegas Internacionales, Cine Jardín El Recreo, Quinta Veracruz; donde se presentaban, cantantes de talla internacional, así como orquestas de fama mundial. Bella, señorial y altiva se mostraba la capital manabita allá por los lejanos años de mi infancia, ciudad florida de arrabales lindos, ciudad siempre amada, como coreaba el poeta, en su “Canto a Portoviejo” Loor a Portoviejo en su mes de fundación...!