Manuel Vera
Mejores días para Portoviejo
La realidad de Portoviejo es para llorar, de eso no hay duda, es penoso, humillante y traumático circular por las calles de esta ciudad; por eso es comprensible que las radios, periódicos y televisoras, recogiendo el criterio de los ciudadanos e interpretando el sentimiento de ellos, cuestionen con fuerza a la actual administración; sería un error que no lo hagan, pues si guardan silencio estarían traicionando su razón de existencia.
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Sábado, 20 Marzo 2010 00:00
eldiario.com.ec
Pero en lo que sí fallan los medios de comunicación es en la contextualización, se olvidan que el problema de las calles no es nuevo y no se puede resolver en los pocos meses que tiene el alcalde Humberto Guillem.
Este es un caso de estructura y fondo que no fue atendido por las anteriores administraciones en sus 4 años, mucho menos se podrá solucionar en meses.
Por eso el funcionario no puede perder la compostura, debe tener paciencia, entender la crítica y considerar que está en el cargo de mayor conflictividad de la provincia. Las observaciones o llamados de atención de los ciudadanos en los medios son justificadas, ellos (nosotros) sufren el problema; reaccionan y no reflexionan.
La popularidad de Humberto Guillem y la imagen están afectadas, pero eso no lo puede enloquecer, como no lo deben hacer las críticas. Cada invierno los anteriores alcaldes y alcaldesa sufrieron lo mismo y luego siguieron trabajando.
Eso no significa que no debe priorizar la atención a las calles, pero sí que ya no debe seguir pensando en lo inmediato. Las calles requieren soluciones integrales y de fondo, no las medidas parches que aplicaron sus antecesores.
Por eso, pese a sufrir los efectos de este desastre hago llegar una voz de estímulo a alcalde. Sigo confiando en usted, lo que no significa que tiene un cheque en blanco, pero sí que tengo la esperanza que la sabiduría y experiencia ganada con el paso de los años servirá para que visualice la solución duradera que espera la ciudadanía.
Cuando fue prefecto no me defraudó, no me falle ahora y no le incumpla a la ciudad que ama y sus ciudadanos: ya vendrán mejores días.
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