Guido Álava Párraga
Comentando los aciertos
muchas son las motivaciones que el ser humano tiene para expresar sus opiniones respecto de hechos que vienen de quienes nos gobiernan, o de circunstancias que tienen relación con el colectivo.
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Jueves, 9 Septiembre 2010 00:00
eldiario.com.ec
Hoy como nunca se está dando mucho que hablar en contra del actual presidente de la República, de la prensa con todos sus medios, de los ministros, de las medidas económicas y demás hechos que implica el ejercicio del poder; es decir que estamos viviendo una verdadera confrontación donde más se destaca que hay un solo culpable, un solo malo de la película, que no hay beneficio para el pueblo, que los apagones, que no llueve en el austro, tampoco en la costa y que la sequía …
De toda la observación que vengo haciendo a nivel del país he visto que como nunca antes hay mucho encono contra el presidente de la nación, y de este contra algunos sectores, en especial contra los medios de información.
Ante tales hechos, públicos y notorios, y en una mezcla de preocupación y pena que invaden parte de mi mente, tiempo de mi nueva vida de relación con las cosas de Dios, mi trabajo y la cátedra universitaria; he sentido la necesidad de destacar una acción positiva (considero que hay algunas más) del actual gobierno que me ha impactado gratamente:
Hace más de cinco años estuve apasionado, orando y clamando a Dios por una unidad de diálisis para la gente pobre, que inexorablemente estaba muriendo por falta de esta terapia sustitutiva ante la pérdida de la función de sus riñones. Hasta que eso llegara, en mi calidad de especialista me dediqué con esmero a evitar que más gente de la que debía llegar a diálisis no lo hicieran.
Hace un año ocurrió algo que no esperaba, al menos conociendo la crisis económica que atravesamos; en un medio de información se hablaba que el ministerio de Salud había hecho convenios con las unidades de diálisis para realizar diálisis gratuitas a las personas pobres.
Sentí fuertes emociones, dije las siguientes frases ¡qué coincidencia!…!esto es lo que estaba pidiendo a Dios!, ¡qué increíble! Luego sentí una paz interior al constatar que era cierto, hoy esa paz perdura porque sé que en Manabí ya hay más de cien personas pobres recibiendo su tratamiento. Bueno, ya no estoy en la política, en esa práctica que no considera los estándares de Dios; pero algo me estaba quemando en mi interior para que hiciera público este sentimiento. Sigo orando, como todos los seguidores de Cristo, porque nuestros gobernantes nacionales y locales busquen la sabiduría y guía de Dios. <
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