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Hoy, cierta prensa reacia y conservadora de las viejas estructuras de sometimiento y explotación de los recursos naturales; del ahorro interno, que en reducidas cantidades nuestras economías generaban; y, más que nada, de la despiadada explotación del recurso humano por cientos de años de todos los pueblos latinoamericanos, están arremetiendo contra el nuevo pensamiento político, no de un presidente elegido en las urnas democráticamente o de un líder que guía a un país latinoamericano determinado por el sendero del desarrollo económico y social, sino hasta contra la propia voluntad de millones de latinoamericanos que han manifestado su férrea voluntad de cambiar el rumbo de la historia. De esa historia, que nos enseña que en el pasado nos convirtieron en colonias, en países sumisos de las recetas del Fondo Monetario Internacional, convirtiendo a nuestros países en exportadores netos de capital hacia las potencias industriales, especialmente Estados Unidos, quienes alimentaban el más colosal modelo y estilo de vida del planeta a costa de la pobreza, de la indigencia, de la miseria de millones y millones de habitantes de América Latina.
Todos, quienes en el pasado se convirtieron en los agentes comisionistas para la instauración de los políticas económicas que favorecían al imperialismo yanqui, y que cuando tenían que haber levantado su voz en defensa del bienestar de todos los habitantes de la nación, callaron su voz, como compromiso al derecho de recibir las prebendas por pago al favor del silencio sepulcral, ante el sometimiento de nuestros países a la voracidad del capitalismo financiero internacional. Todos aquellos esbirros servidores de intereses extranjeros, y traidores de la voluntad popular, convergen bajo el mismo núcleo de empresarios de papel y tinta para vilipendiar el principio democrático de toda la población que mayoritariamente se ha manifestado en las urnas, de manera democrática en reiterados procesos, so pretexto de esgrimir la libertad de opinión como la forma de sobreponerse a la honra de las personas y de todo un conglomerado de una nación. Los ecuatorianos y latinoamericanos debemos hacer fila para repudiar, rechazar y condenar el atropello por unos cuantos empresarios dueños de periódicos y defensores de los principios económicos del neoliberalismo que ya no tienen asidero en la mente y en el corazón de todos los latinoamericanos y, que únicamente sobreviven en la mente egoísta y retrograda de los calumniadores y difamadores que basándose en la propiedad de un medio de comunicación utilizando un testaferro, disfrazado de periodista para lanzar injurias, calumnias y difamar la honra de las personas, haciendo gala de la libertad de expresión.
Hoy, resulta que ciertos medios de comunicación, no sólo que opinan injuriando, sino que quieren imponer su opinión como la de todo un colectivo humano, creyéndose los dueños de la verdad absoluta. Ecuatorianos y latinoamericanos no nos dejemos engañar y hagamos valer nuestro auténtico modelo de desarrollo que hoy está dando los mejores resultados para el bienestar de las grandes mayorías.
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