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Encuentro al natural

Uno se entera de su existencia por el boca a boca, como en la tradición oral. Y cuando se llega al lugar, a 34 kilómetros de Portoviejo y 3 de la parroquia San Plácido, percibe el remanso de paz que facilita una naturaleza pródiga.


El puente de 40 metros construido con 1.080 cañas, cuyo diseño fue comprado por Internet

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Domingo, 21 Enero 2007 18:34

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Noticia Eldiario.com.ec
Hacienda Las Delicias, de Marcelo y María Esther de Farfán, no es un establecimiento turístico más. Sus propietarios se han ocupado de darle un sesgo especial: “es una hacienda de integración familiar”, explica la dueña.
Más allá de que los días domingos muchos lleguen aquí a conocer y disfrutar una jornada, lo normal son las actividades que durante la semana se vinculan con colegios y otros grupos. Allí, la presencia de un motivador muy especial hace la diferencia: “Viene un sacerdote capuchino de Riobamba; además, el sociólogo Héctor Bohórquez dirige charlas”, explica María Esther Vázquez Muentes.
Colegios de todo Manabí ya tienen la experiencia de haber pasado por esta hacienda. En la laguna artificial hay 10 mil tilapias que luego se podrán pescar y cocinar allí mismo.
Una jornada de convivencia puede empezar con una reflexión dirigida por el sacerdote, en una hacienda a oscuras y la laguna sólo iluminada por las luces dicroicas del puente. Allí, los acampantes disfrutan de horas especiales en la magia de la noche campestre.
“En esta hacienda me crié, con valores familiares, -explica María Esther- y siento que en la ciudad en general la gente anda dispersa, le falta calor de hogar”.

Jornada de delicias
Un día de actividades en Las Delicias comienza con una bienvenida y luego algo bien manabita: bolones y café. Después viene un recorrido por las instalaciones, donde el primer destino es lo que los dueños llaman orgullosamente “La Catedral”, un lugar donde las cañas guadúa forman una cúpula natural a más de 30 metros de altura. Puentes colgantes y la posibilidad de subir una montaña que es hábitat de simios, una bicisenda, el río.
Tras el almuerzo viene el baile y luego juegos típicos, para terminar con un piqueo manabita.
En las convivencias, por la noche “presentamos amorfinos, damos espacio a la tradición oral”, dice la propietaria de la hacienda.
Toda la familia Farfán trabaja aquí, como guías en distintas especialidades y brindando atención a los visitantes. Y cuidan los detalles. “No queremos que la gente se embriague, la clientela se mantiene por la atención que les damos”, explica María Esther.
De este modo, Las Delicias continuará conservando su encanto. Hay hasta un club ecológico conformado por los hijos de los trabajadores del lugar. Para que no sea sólo un lugar de descanso para el cuerpo, sino también para el alma.


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