“El agua nuestra de cada día, dánosla hoy”
Jesús, en su oración al Padre, pedía “el pan nuestro de cada día”; no planteó entonces la petición del agua porque entonces la poblacion mundial era exigua, y el agua era abundante y sobrante, y nuestro planeta disfrutaba de una excelente salud ecológica. Hoy, a los 20 siglos, todo ha cambiado drásticamente, el agua; es un problema y sí está justificada esa petición.
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Lunes, 5 Junio 2006 20:50
J. L. Micó Buchón
Pero pedir a Dios el pan o el agua no es esperar un milagro que multiplique panes, peces y aguas. La bendición de Dios cae sobre la actividad y trabajo del hombre, para la producción y reparto del pan, sobre el cuidado del agua y los recursos hídricos salubres de la tierra.
El agua hoy es una responsabilidad a compartir: todos hemos de ser beneficiarios y benefactores. La declaración de los Derechos Humanos de 1948 no incluye el derecho al agua; pero el “Pacto Internacional “ de la ONU, 1966, lo proclama: “Derecho de todos es disponer del agua suficiente, salubre, aceptable, accesible y asequible, para uso personal y doméstico”. El agua es vida; es condición indispensable para la supervivencia de todas las especies vivas, para la producción de alimentos, para la higiene personal y ambiental. La carencia o grave dificultad para obtener el agua suficiente, acarrea la tortura, aumenta el hambre, las enfermedades, deteriora la producción vegetal y ganadera.
Ahora baja la cantidad del agua potable, y la calidad. En el siglo XX el consumo del agua se ha multiplicado por 6, pero se ha triplicado la población mundial. El recurso hídrico es limitado, no tiene sustituto, no hay invento que pueda reemplazarlo. Es precisa una política estatal, empresarial, familiar y personal para encauzar debidamente, conservar y repartir este bien común. Existe una enorme pérdida del líquido vital, por despilfarro, malgasto, ruptura de tuberías y depósitos...; se deteriora gravemente el agua dulce de los ríos, arroyos, lagos. Las explotaciones petroleras de nuestra selva amazónica han contaminado seriamente las aguas, ante el reclamo inútil de las comunidades indígenas y la indiferencia de empresas y autoridades.
A tal desgracia se suma el mal reparto: países grandes consumidores y países de escaso acceso y uso del agua. En los países pobres, 2’600.000 personas carecen de instalaciones básicas y de estructuras para su conservación, conducción y uso. El futuro no parece muy halgüeño y de seguir esta política llegaremos a la crisis aguda, y a la guerra por el agua restante que ya se avizora.
El problema es grave para nosotros y lo será más para los venideros. Urge una seria política en defensa del agua y para que sea posible y real al agua para todos.
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