Cuando Gladys Almeida notó que su hija tenía problemas de comprensión y de retención supo que había que actuar. Se asesoró con especialistas, quienes le dijeron que la menor padecía de dislexia. La palabra, hasta entonces desconocida, empezó a ser parte de su vocabulario.
Ahora Cristina Arévalo Almeida, nombre de la niña, ha empezado de nuevo el proceso de alfabetización para superar su problema de aprendizaje.
Etimológicamente la palabra dislexia quiere decir dificultades de lenguaje. En la acepción actual se refiere a problemas de lectura, trastorno en la adquisición de la lectura.
Mónica Espinoza, directora del Departamento Pedagógico del Instituto de Lectura Veloz, Estudio y Memoria (ILVEM), dice que este es un problema de aprendizaje que es independiente de cualquier causa intelectual, cultural y emocional.
Características
La dislexia se caracteriza porque las adquisiciones del individuo en el ámbito de la lectura, la escritura y el deletreo, están muy por debajo del nivel esperado en función de su inteligencia y de su edad cronológica.
Es un problema de índole cognitivo, que afecta a aquellas habilidades lingüísticas asociadas con la modalidad escrita, particularmente el paso de la codificación visual a la verbal, la memoria a corto plazo, la percepción de orden y la secuenciación.
Explica Espinoza que la dislexia es muy común en nuestro medio. ¿Qué soluciones existen? Lo primero es hacer un diagnóstico preciso, que compruebe que no haya ningún trastorno en la lengua, que el niño escuche bien y que tiene una visión normal, con lo que de esta manera se descartan posibles complicaciones. La dislexia, no es un asunto grave, incluso se puede llegar a la edad adulta con ella.
Los padres deben estar atentos, pues cuando el trastorno no es detectado y atendido a tiempo, puede complicarse rápidamente. Habitualmente el diagnóstico se sospecha cuando el niño ingresa a la escuela y se observa lo difícil que le resulta al pequeño aprender a leer y escribir.