El currincho o aguardiente es para los manabitas lo que el vodka es para los rusos o el tequila para los mexicanos.
En esta línea de licores hay una variedad conocida como los tradicionales compuestos, que es un trago suave con el cual se celebra las fiestas y se ofrece con orgullo a los invitados y familiares.
Ángel Villigua Cedeño prepara los compuestos, pero a manera de cócteles. Los sabores de este tipo de licores, conocidos también como “preparados”, dependen de las frutas que se seleccionen previamente. Éstas pueden ser: manzana, frutilla, mora, coco u otras.
El proceso de elaboración es arduo, no es de la noche a la mañana. Lo primero es cocinar las frutas a fuego lento por espacio aproximado de una hora. Luego la fruta se la junta con el currincho y se lo mantiene en “reposo” por unos quince días.
La depuración
es esencial
Una parte importante de la elaboración es que este trago debe depurarse, es decir, hay que limpiarlo de cualquier desperdicio. “Quitamos el bagazo porque el buen licor es el que queda abajo. Hay que limpiar y filtrar”, manifiesta Ángel Villigua.
Una vez que se ha cumplido con este proceso el licor ya está listo para ser embotellado. Una característica de estos “compuestos” es que no están destinados para emborracharse, sino para pasar momentos agradables con amigos o en familia.
“Por tratarse de una bebida especial está garantizado que no se padecerá de chuchaqui o de resacas al día siguiente. La gente prefiere mucho este tipo de cóctel a otras bebidas”, sostiene Villigua.
Hay distintos precios de estas bebidas. Existen botellas que pueden costar desde 1, 50 dólares. Los expertos en este licor saben que la obtención de cada sabor requiere de tiempo y de un tratamiento especial. El criterio final, es decir si es bueno o no, queda a gusto del consumidor final.