A la hora de estimular la relación de una pareja todo es válido. Aparentes efectos del aguacate, caldo de tronquito y hasta el chocolate no han sido estudiados científicamente, sin embargo hay quienes sí creen en este poder.
En torno a una vida en pareja hay una serie de mitos y verdades, entre ellas, los tan mencionados afrodisíacos. Pero, ¿qué son?, ¿realmente existen? Ángelo Andrade, médico, menciona que en el campo de la medicina no existen los afrodisíacos como tal, pues el líbido sexual es un juego hormonal. “Lo que sí hay son medicamentos que se usan para la difusión eréctil del hombre”.
Andrade menciona que esto más bien puede ser un estado psicológico. “Tú piensas que algo te va a servir y termina siendo así, pero científicamente no está comprobado”, explica.
Para Roberth Loor, médico psiquiatra, el tema de los afrodisíacos es una cuestión de creencias culturales de algunas personas, pues no hay investigación que defina esto. El término afrodisíaco se le denomina a aquellas sustancias que se cree aumentan el deseo sexual, y proviene de Afrodita (nombre de la diosa del amor). Quienes creen en esto, han clasificado a los afrodisíacos en dos grupos, los psicológicos y los internos.
En el primero se consideran todos los estímulos visuales, táctiles, olfativos y hasta auditivos. Mientras que en los internos son los procedentes de las comidas o bebidas.
Entre los principales se nombran los mariscos (camarones y ostras), chocolates, manzanas, avellana, azúcar moreno, fresas, canela, nuez, ginseng, aguacate, café, la miel, menta, maní, polen, la avena, entre otros. A diferencia de lo que muchos creen, el alcohol a largo plazo, provoca una baja en el apetito sexual y no lo estimula.
Sentimiento
de por medio
Loor menciona que ocho de cada diez personas creen en este tipo de estímulo sexual y lo pone en práctica. Además, a su criterio, que suele ser el de muchos, no hay mejor afrodisíaco que el amor, pues “cuando hay ese sentimiento en una relación la entrega es total”.
El creer, o no, en los poderes de estos productos depende de la persona que los use aunque en el campo medicinal no tengan comprobación alguna.