SAN VICENTE DE PAÚL
La casa del dolor y el amor
El dolor de los enfermos terminales se alivia con el amor y el cuidado que se ofrece en el albergue de la Fundación San Vicente de Paúl.
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Miércoles, 13 Agosto 2008 19:32
Eldiario.com.ec
Al momento esta casa del dolor y el amor, como la llama Ketty Ureta de Medranda, presidenta de la fundación, alberga a 12 personas cuyas edades oscilan entre los 22 y 80 años.
Entre los beneficiarios se encuentra José Manzaba, de 33 años, oriundo de Pedernales, quien hace dos meses ingresó a este lugar. José dice que a pesar del dolor que le genera el tratamiento de quimioterapia por el tumor que sufre en una de sus piernas, se siente bien. "Aquí hay mucho amor y cuidado. El patio es muy colorido por las flores y se respira un aire limpio en este sector", dijo.
Manzaba proviene de una familia muy pobre y está en la fundación con el apoyo de la presidencia del Patronato del Consejo Provincial de Manabí, organización que también lo apoya para su tratamiento en el hospital de Solca.
La autogestión
Este hogar se ubica al sureste de Manta en el barrio Los Geranios. Fue construido para dar calidez y amor a quienes tienen sus días contados por sufrir enfermedades terminales, en su mayoría cáncer.
Lo ocupan personas de extrema pobreza cuyos familiares y padrinos solo tienen el compromiso de entregar la medicina para el tratamiento.
El resto de necesidades como alimentación, hospitalización, cuidados profesionales y otros los entrega gratuitamente la fundación a través de actividades que realiza anualmente y de la mano solidaria de personas altruistas, dijo Ketty de Medranda.
Los profesionales
El Ministerio de Salud apoya a la fundación con una médico rural. Las tres enfermeras profesionales que trabajan en el lugar pertenecen a la congregación italiana Cottolengo. A ellas se suma el personal de cocina, limpieza y otros que financia la fundación. "Siempre necesitaremos ayuda para ofrecer una atención digna a quienes dieron mucho en su plenitud de vida", comentó.
El lugar también tiene un área de rehabilitación física, donde los enfermos terminales y vecinos del barrio reciben terapia ocupacional.
Ellos esperan que el Consejo Provincial le construya un nuevo bloque para alojar a 12 enfermos más.
No retiran
enfermo
La fundación hizo un llamado a Guillermina Muñoz Verduga para que retire a su esposo Ramón Delgado Anchundia, paciente crónico. Se lo ayudó solo por tres meses y ahora tiene 8 meses. "No podemos olvidar a nuestros seres queridos", dijo.
“Los enfermos terminales deben gozar de amor y confort”.
Ketty Ureta
PRESIDENTA
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