Carlos Mero no quiere correr riesgos innecesarios, por eso la casa para él su esposa y sus dos hijos la compró en una urbanización cerrada con guardianía permanente.
Los recintos habitacionales con esta característica tienen cada vez más demanda. Hasta hace 10 años sólo existía una, ahora hay 23 y la tendencia es que seguirán creciendo, dijo Folke Zambrano, analista territorial del municipio de Portoviejo.
El funcionario señaló que el mayor argumento que tienen las personas para comprar casas en ese tipo de ciudadela es la seguridad ya que muchos se sienten indefensos ante el alto índice de violencia.
Manifestó que en esas ciudadelas no puede entrar cualquier persona y si es visitante debe dejar la cédula al guardián o en casos extremos éste llama para comprobar si está la persona que buscan y si autoriza la entrada.
Atractivos
Con ese criterio coincidió Fabián Carpio, arquitecto constructor de este tipo de ciudadelas, quien agregó que además hay otros elementos. Por ejemplo, refirió que casi todas tienen piscinas comunitarias, además de bonito diseño arquitectónico de todo el ambiente, calles en buen estado y, sobre todo, servicios básicos.
Añadió que una vez que las casas son entregadas a los dueños, éstos se organizan para cancelar la guardianía y mantener el orden.
Estas urbanizaciones siguen creciendo a lo largo de la avenida Reales Tamarindos y sobre el Paso Lateral. El precio de las casas va desde los 40.000 dólares hasta 100.000 dólares.
Otro detalle que incidió en la proliferación de las ciudadelas cerradas es la gran cantidad de personas que emigraron a Europa y que envían el dinero para que les compren una casa.
La vecindad se encierra
Generalmente las personas que viven en ciudadelas cerradas sólo tienen relación con los que viven dentro de la gran pared. Conocen poco de los de afuera.