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Tala indiscriminada de árboles termina con el agua en la montaña
El río que hasta hace unos 3 años permanecía con agua todo el tiempo y que ahora se seca en el verano, para los habitantes del recinto El Barro de la parroquia Cayo es la prueba más palpable del gran daño que se está causando al ecosistema con la tala sin control de árboles.
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Domingo, 10 Septiembre 2006 20:41
Eldiario.com.ec Con preocupación Alberto Alcívar comunicó a El Diario que la falta de vegetación esta incidiendo en la ausencia de lluvias y por ende el agua se va escaseando poco a poco, “antes un pozo tenía por lo menos 5 metros de agua, ahora no llega al metro y medio”, anotó Alcívar.
Montaña adentro se han talado cientos, y quizás miles, de árboles de diferentes especies en la última década.
Para citar un caso concreto, Javier Zambrano dijo que hace un mes en el recinto El Jurón, el presidente de esa comunidad, Napoleón Chávez, fue descubierto como cómplice de las personas que llegaban a talar, pues inclusive los alojaba en su vivienda.
Se logró parar en algo la situación por medio de una denuncia, pero todo indica que solo están dejando que pase un poco de tiempo “para seguir con la misma masacre cortando los únicos guayacanes que todavía quedan, que hasta tiernos los tumbaron, sabemos que todavía tienen árboles comprados”, afirmó Zambrano. Indicó que la tala fue en terrenos de Joffre Arias y los compradores son de apellido Pilay de Pedro Pablo Gómez.
Para sacar la madera, los infractores abrieron un camino desde El Jurón hasta el sitio La Llorona que queda en la parte más alta de esa montaña.
Envenenan el río
En el río que ahora está seco antes había abundantes camarones y peces de agua dulce, pero hace 3 años unos inidentificados tipos llegaron a pescar utilizando cianuro en polvo. “El veneno lo pusieron en una parte del río y a unos 3 kilómetros río abajo estaban otros sujetos con una red pescando los camarones, los sorprendimos pero lograron huir”, afirmó.
Lo más reciente fue la tala de un árbol de guayacán por parte de un ciudadano de apellido Delgado, que al tumbarlo cayó sobre el cauce de un estero, cuyo débil hilo de agua se represó y se volvió rojizo por el color de la madera y del aserrín. Ese árbol por lo menos tenía 50 años, manifestó Alberto Alcívar.
Delgado aceptó su culpa y se comprometió a retirar los desechos de la madera del estero, además le hicieron comprender el grave daño que causó a la naturaleza.
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